Cuando la ingeniería tiene escala planetaria

El consenso científico actual (y la evidencia disponible) nos dice que Marte tuvo una vez un campo magnético que protegía su atmósfera. Uno muy parecido al que tiene hoy la Tierra. No tenemos muy claro por qué, pero hace unos 4.200 millones de años desapareció sin dejar rastro. Sin más. En unos pocos de cientos de millones de años, indefenso ante los vientos solares, Marte dejó de ser un entorno cálido, húmedo y seguro para convertirse en la piedra helada, inhóspita e inhabitable que es hoy.

El planeta perdió casi toda su atmósfera (aún hoy la sigue perdiendo) y sin ella, cualquier colonización que queramos hacer en Marte se limitará a encerrar humanos dentro de compartimentos estancos que los aíslen de la radiación y la finísima atmósfera tóxica que aún pervive.

El plan más ambicioso para 'terraformar' Marte parece ciencia ficción, pero tiene sentido: el caso del campo magnético artificial

Por eso, la NASA lleva años acariciando la idea de poder construir ese campo electromagnético. Pero no sólo por eso. Hay motivos prácticos porque si fuéramos capaces de crear campos magnéticos a demanda, nuestros astronautas estarían más seguros allá arriba. El espacio se convertiría en un lugar mejor.

Pero también hay motivos mucho mas serios: no sabemos a ciencia cierta qué hizo que el campo magnético de Marte desapareciera y, por eso mismo, no sabemos si es algo que podría pasarnos a nosotros también. En el sueño de ir al planeta rojo puede encontrarse uno de nuestros seguros de vida.